Gardel – La leyenda de la perla negra

Es una gloria del tango y del candombe y la única presencia uruguaya en el «Café de los Maestros» de Santaolalla. Abrió su casa del Barrio Sur para «Clarín» y contó su historia

Calor infernal en la calle Durazno de la mansa Montevideo, ahí, en el Barrio Sur. Al primer timbre Lida Melba Benavídez Tabárez abre la puerta toda vestida de Lágrima Ríos: peinado de peluquería, vestidito suelto, collar, tacos y ese vago aire retro que enamoró a la Milagros López de Fernando Peña. «Me preparé para Clarín», dice e invita a pasar.

La casa es sencilla. Entre cuadros, caricaturas y una bellísima fotografía del mítico conventillo Medio Mundo, está su compañero Paco Gude y Susana, la gentil acompañante paramédica. Lágrima Ríos tiene colocado un cardiofibrilador (una especie de marcapasos que controla la arritmia) y lleva puesto un corset: en agosto se cayó en el baño. «Increíble, un porrazo, mire. Pero bueno, ya estoy mejor… ¡Tengo 81 años!».

Después de una vida dedicada al canto («fíjese: soy del 24. No escuché a Gardel en vivo pero sí a Magaldi. De esa clase de gente aprendí»), Lágrima Ríos fue rescatada de cierto olvido por Gusta vo Santaolalla al convocarla para Café de los Maestros e incluirla en un lujoso lote que integran Horacio Salgán, Mariano Mores, Leopoldo Federico, Nelly Omar, Alberto Podestá y muchos otros. La perla negra del tango o La dama del candombe es la única presencia uruguaya de esta empresa que de algún modo continúa el modelo Buena vista social club en cuanto a la doble tarea de rescate y proyección internacional. «Este muchacho Santaolalla me salvó la vida… De alguna manera».

¿Por qué?

Aquí en Uruguay no es fácil nada. Todo costó y cuesta mucho. De pronto, de estar en mi querido Barrio Sur, en mi querido país, me encontré en Buenos Aires conversando como una más con todos esos personajes que yo tanto admiré. Qué artistas, por Dios… Y el señor Santaolalla me dio a entender que yo estaba ahí porque también era una grande. Yo venía medio… triste. La invitación me dio un regocijo enorme. Estoy tremendamente agradecida.

Como un recuerdo neblinoso, Lágrima dice que conoció circunstancialmente a Carlos Gardel. «El visitó el inquilinato donde yo vivía. Igual, mi ídola era y es Mercedes Simone». Creció escuchando los tambores negros callejeros y a los músicos y cantores de la imbatible estirpe del tango rioplatense de los años 20, 30 y 40. «Sin embargo, yo comencé cantando folclore. Zambas, galopas… Tenía unos vecinos paraguayos que me pasaban galopas y rancheras. Entré en el tango sin querer. Es raro ser negra y hacer tango. Acá había un dúo de hermanas, las Méndez. Se acompañaban con guitarra ellas mismas. Eran pardas, pero pardas pardas. Con el pelo mota, el pelo chiquito.

¿A usted la discriminaron por ser negra?

Sí, mucho. De que dejen entrar a un local a mis músicos y a mí no. Por suerte con el tiempo la cosa fue mejorando. Pero no crea que mucho.

En 1950 el compositor Alberto Mastra le dio el seudónimo («me gustó: Lágrima Ríos. Tiene mucha fuerza»). Ya venía saliendo en Carnaval con diferentes agrupaciones. La más famosa, Morenada, donde marchaba con un grupo de negros y lubolos («los lubolos son los blancos que se disfrazan de negros», enseña). En 1956 se cruzó con Paco Guda, su compañero hasta el día de hoy. Y hace un par de años se reencontró con su único hijo, Eduardo Bernardino Benavídez, de 50 años. De muy joven Eduardo fue militante tupamaro. «Pudo emigrar a tiempo, como tantos uruguayos, en aquel fatídico 1972. Suerte que logró marcharse, porque sino hoy Lágrima Ríos sería una de las tantas madres que están buscando desesperadamente los restos de sus hijos â??dice, conmocionadaâ??. Primero se fue a Buenos Aires y después a Suecia. Prolífico me salió: tengo siete nietos y cinco bisnietos. Todos suecos.»

La casa de Lágrima Ríos es una de esas casas abiertas que podían disfrutarse en una Buenos Aires ya lejana. Entra y sale gente constantemente. Entra un periodista, Nelson Domínguez, que está escribiendo un libro con su leyenda. Se va el guitarrista Daniel Petrucelli, llega el hijo, Eduardo… Lágrima invita a pasear por el barrio. Hay solcito, ella va con su asistente Susana, del brazo. Camina lento, haciendo sonar los tacones en la siesta. Y enseña: «Ahí, en Yaguarón, vivió Zitarrosa. Allá, en la calle Gardel y Carlos Quijano, vivía Enrique Almada, el de Telecataplún. ¡Cómo tocaba el piano!».

Cuenta que en el Centro hay un mural que le dedicó Carlos Páez Vilaró («después vamos, si quiere») y que el viernes 16 va a viajar a Buenos Aires para dar un concierto junto con Alberto Podestá en el Tasso. Está contenta: el sello argentino Acqua Records acaba de editar el notable disco de tango Canción para mi pueblo, con un repertorio que incluye Tormento, Absurdo, Horizontes, El milagro, El abrojito… «No es fácil cantar tango en Buenos Aires. Yo todavía siento un cosquilleo», dice.

¿Cuál es el secreto de su vigencia?

No lo sé. Mantengo la voz. Jamás he fumado un cigarrillo, no tomo. La edad va cambiando todo, pero mi voz se mantiene nítida. Eso siempre me lo dice Milagros López.

Para usted es Milagros López… ¿Cómo lo conoció a Peña?

¡Yo no sabía que Milagros era un personaje de él! Cuando me llamó le dije a Paco: «Paco, me llama una cubana desde Buenos Aires». Es un personaje sublime el de Fernando. Estuvo hace poquito acá en Montevideo y habló maravillas de mí. En el 2000 hicimos un espectáculo juntos. No había ninguna guía. Improvisábamos todo.

El living está repleto de fotos: Lágrima con Troilo, con Obdulio Varela, con Celia Cruz, con Gilberto Gil, con Fernando Peña, con Osvaldo Pugliese, con Oscar Aleman, con Mercedes Sosa. Retratos, caricaturas, premios, diplomas.

» ¿Ya se van?», pregunta, tierna, maternal. » ¿No quieren otra naranjada'». » ¿Cómo van a volver al hotel? Miren que hay paro de taxistas…

¿Qué le queda por hacer, Lágrima?

Uff. Tanto. Quiero seguir cantando. Cantando soy feliz. Cuando era chiquilina yo iba al conventillo Medio Mundo a jugar con la gente. Sigo haciendo lo mismo. Estar en un escenario es parte de un juego. Sin querer se me pasó la vida…. Es increíble, ¡no? Queda tanto por hacer…

http://www.clarin.com/diario/2005/12/04/espectaculos/c-00601.htm

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.